La oveja perdida
A veces creemos que Dios nos abandonó, cuando en realidad es Él quien nunca dejó de buscarnos. Su amor no se detiene ante nuestras heridas, fracasos o distancia; atraviesa todo para alcanzarnos. Jesús no vino a señalar a las ovejas perdidas, vino a cargarlas sobre sus hombros y traerlas a casa. La cruz es la prueba de que el cielo prefirió salir a buscarnos antes que darse por vencido con nosotros. No sos un accidente en el camino; sos el motivo por el que el Pastor dejó las noventa y nueve. Cuando entendés cuánto fuiste buscado, tu corazón ya no vive desde el miedo, sino desde el asombro de haber sido encontrado.