Bajo el poder de su gracia

La gracia de Dios no es solo el inicio de la vida cristiana; es el poder que la sostiene cada día. Cuando comprendemos que no somos aceptados por nuestro desempeño, sino por la obra perfecta de Cristo, dejamos de vivir esclavos del miedo y la culpa. La gracia no minimiza el pecado, sino que revela el inmenso amor de Dios al vencerlo en la cruz. Desde esa seguridad, la obediencia deja de ser un intento de ganar el favor de Dios y se convierte en una respuesta de amor y gratitud. Vivir bajo el poder de Su gracia significa descansar en lo que Cristo ya hizo y permitir que esa verdad transforme nuestro corazón, nuestras decisiones y nuestra manera de amar a los demás.