Una buena vida
Todos queremos una buena vida, pero muchas veces confundimos una buena vida con una vida sin problemas. El evangelio nos muestra algo más profundo: una buena vida es una vida reconciliada con Dios. En Jesús no tenemos que construir nuestra propia identidad ni demostrar que somos suficientes. Cristo hizo por nosotros lo que nunca podríamos hacer por nosotros mismos: nos hizo santos delante de Dios. Por eso, la santidad no es el precio para ser aceptados, sino la respuesta de quienes ya fueron aceptados en Cristo. La gracia no nos libera para vivir como queramos; nos libera de tener que vivir para nosotros mismos. Una buena vida es vivir desde lo que Jesús ya hizo por nosotros, y dejar que esa gracia transforme cómo vivimos.