La victoria es nuestra

La victoria no se gana desde el miedo, sino desde lo que Cristo ya ganó por nosotros. No peleamos para vencer; peleamos porque en Jesús ya hemos recibido la victoria. Por eso, la vida cristiana no consiste en reprender al diablo a cada momento. Consiste en hacer fielmente nuestra parte: obedecer, perseverar, amar y permanecer firmes. El enemigo puede mentir, pero no tiene autoridad para definir lo que Dios ha dicho sobre nosotros. La fe no es negar la batalla, sino enfrentarla desde la certeza de que Cristo ya venció. Nuestra lucha, entonces, no nace de la ansiedad por conquistar la victoria, sino del descanso de saber que ya es nuestra en Jesús.