Una orden extraña
A veces Dios nos llama a obedecer precisamente cuando nuestras circunstancias parecen contradecir sus promesas. Jeremías compra un campo cuando todo indica que la tierra está perdida; su obediencia parece absurda porque la realidad visible dice lo contrario. Pero la fe bíblica no descansa en lo que podemos controlar, sino en la fidelidad de Aquel que hizo la promesa. Dios estaba enseñando que su gracia puede estar obrando incluso en medio del juicio, y que la pérdida no tiene la última palabra. Jeremías no compró el campo porque las circunstancias fueran buenas, sino porque Dios era bueno y había hablado. La fe es obedecer cuando no entendemos el presente, porque conocemos al Dios que sostiene nuestro futuro.